del mediterráneo y la obesidad
 
 
  A principios de la década de los sesenta en algunas regiones del Mediterráneo como Creta, Grecia y el Sur de Italia, la esperanza de vida de éstas poblaciones era de las más altas del mundo; mientras que las tasas de enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer y otras enfermedades crónicas relacionadas con la dieta, eran de las más bajas a pesar de las limitaciones de los servicios de salud.
Se llego a la conclusión de los efectos positivos en la salud de la Dieta Mediterránea Tradicional.
Las características de la Dieta del Mediterráneo a principios de la década de los sesenta eran: abundancia en alimentos de origen vegetal (frutas, verduras, panes y cereales, papas, frijoles, nueces y cacahuates) mínimamente procesados; productos frescos de la estación; fruta fresca como postre diario; fuentes concentradas de azúcar consumidas pocas veces a la semana; aceite de oliva como la principal fuente de grasa; productos lácteos (principalmente queso y yogurt) consumidos diariamente en cantidades moderadas, al igual que el pollo y el pescado; no más de cuatro huevos a la semana; carne roja consumida en pequeñas cantidades, normalmente con los alimentos. Esta dieta iba acompañada de actividad física regular.

 

  La obesidad incrementa el riesgo de muchas enfermedades incluyendo diabetes, enfermedades cardíacas, hipertensión dislipidemias y ciertos tipos de cáncer. La obesidad es un creciente problema de salud pública; tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo. La obesidad puede controlarse y prevenirse con una ingesta de energía adecuada y un buen gasto energético, a través de una dieta saludable y de actividad física regular. La dieta tipo Mediterránea, aún cuando no es una dieta baja en grasa, puede contribuir a la prevención y tratamiento de la obesidad por su variedad y palatabilidad, bajo el supuesto de que el aporte de energía esté controlado.